Recorrido por tres viviendas reformadas que devolvieron el patio al centro de la vida diaria
El patio no es un resto de terreno: en San Telmo funciona como el verdadero corazón de la casa. En este recorrido miramos tres viviendas de lote angosto donde la reforma consistió en vaciar el centro y devolverle al fondo la función de comedor, taller y lugar de encuentro. Aparecen decisiones concretas sobre aberturas, aleros y drenaje que rara vez se explican en un catálogo.
La lectura de plantas ayuda a entender por qué el lote angosto obliga a pensar en profundidad y no en ancho. Cuando el patio se corre hacia el medio, la ventilación cruzada aparece sola y la luz natural entra en dos direcciones distintas durante el día. En las tres casas que visitamos, el yeso de los revoques originales se conservó donde estaba sano, mientras que el hierro de las rejas y las aberturas se rehizo sin culpa cuando el óxido ya había avanzado sobre la estructura.
La madera de lapacho aparece en los detalles que se tocan: pisos de galería, marcos de puertas, alguna mesada de taller. Es un material que aguanta el uso diario y que envejece bien si se lo deja respirar. El drenaje del patio, en cambio, es lo que casi nunca se ve en las fotos y define si el espacio se puede usar después de una lluvia fuerte.
También anotamos qué conviene conservar de una estructura antigua y qué rehacer: muros portantes, cubiertas de chapa y cielorrasos de yeso tienen comportamientos distintos frente a la humedad. La continuidad entre interior y patio se resuelve con pocos gestos, pero bien pensados.