Ebanistería
Talleres de ebanistería en Villa Crespo: el oficio que sigue armando muebles a mano
Visita a tres talleres donde la madera de lapacho se trabaja con máquinas viejas y mucha paciencia
A media mañana, en una cuadra de Villa Crespo, todavía se escucha la sierra antes que el tránsito. Adentro de un taller con olor a aserrín y a aceite de linaza, un ebanista repasa el canto de una tapa de mesa que va a salir para un estudio de arquitectura del barrio. No hay catálogo ni código de producto: hay un plano dibujado a mano, una lista de medidas y una conversación sobre cómo va a envejecer la madera.
En estos tres talleres el trabajo es a pedido. Mesas de comedor, placares empotrados y frentes de cocina se arman pieza por pieza, con máquinas que ya tienen varias décadas encima y una paciencia que no se negocia. El lapacho aparece seguido: es una madera dura, de veta marcada, que exige secado lento y buenas herramientas de corte. Si el secado se apura, la pieza se mueve después y el mueble queda torcido. Por eso algunos encargos directamente se rechazan.
Lo que más llama la atención es cómo conviven lo viejo y lo nuevo. La sierra sin fin de 1960 trabaja al lado de un tablero dibujado en computadora, y el herraje de hierro que refuerza una unión se piensa tanto como la terminación al aceite. El resultado no es un mueble de revista: es una pieza que se puede reparar, lijar y volver a aceitar con el tiempo. Para quien está refaccionando, esa diferencia se nota recién cuando el mueble lleva unos años en casa.